Osirio

Llevamos más de 195.000 años creyendo una mentira.
Como científico sé mejor que nadie lo que se siente al descubrir una mentira. Sé que no es fácil, sé que es doloroso, pero mi trabajo no consiste en contar mentiras cómodas, sino verdades, por muy incómodas que éstas puedan ser.
Para eso me hubiera metido a cura.

Hasta ahora siempre hemos creído que nuestra especie descendía de un ancestro común con los actuales primates. Así los australopithecus serían el primer eslabón de una cadena evolutiva que nos conduce hasta el hombre de hoy. Pero, ¿por qué los australopithecus se distanciaron de sus ancestros y comenzaron a erguirse?

Un cambio climático obligó a estos primitivos primates a abandonar los árboles y buscar alimento en las nuevas y extensas sabanas, donde su visibilidad quedaba limitada, erguirse y ver por encima del matorral era primordial.

Sin embargo, ¿qué provocó ese cambio climático? Se barajaban distintas opciones: la separación de los océanos atlántico y pacífico por el istmo de Panamá, una mega erupción volcánica…
Lo último en descubrirse como un posible candidato fue un meteorito que impactó en Sudamérica en el mismo periodo, el cual levantó una enorme nube de polvo y silicatos que se desplazó sobre el norte de África, desertificando la zona y envenando la selva, dejando a su paso plantas más adaptadas a la acidez del nuevo suelo y a la nueva atmósfera.

Se sabe que el meteorito contenía altas cantidades de carbono, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno en base a los restos en la zona del impacto, por lo que lo más probable es que estuviera compuesto de hielo con carbono y nitrógeno capturado en su interior, pues son materiales muy abundantes en el universo.
El problema con este meteorito llegó al calcularse su masa y diámetro. Según las estimaciones medía 3,9 metros de diámetro y pesaba al rededor de 5000 kilos.
Esto era un problema, pues un meteorito de esas características, formado principalmente por hielo, carbono y nitrógeno se hubiera desintegrado antes de tocar la superficie. Ese meteorito era imposible.
Otro de los problemas que planteaba el meteorito era que sus características eran las propias de las de los módulos de mando de las misiones Apollo. Era el único objeto conocido con tales características capaz de realizar un ingreso exitoso en la tierra.

Solo había dos posibilidades, o bien la NASA había logrado viajar cuatro millones de años en el pasado, o bien los asteroides de acero inoxidable existen en el espacio. Ambas eran sencillamente imposibles. Ese meteorito cuestionaba todo lo que conocíamos acerca del universo.

Se descartó el meteorito como candidato de haber provocado semejante cambio, y durante varios años se olvidó el asunto.

El meteorito fue totalmente olvidado casi medio siglo después cuando el satélite Kepler fue actualizado con una nueva super lente y al poco tiempo llegó la gran noticia.
Una estrella en el cúmulo M-13 parecía poseer un planeta habitable. Kepler ya había descubierto varios planetas que parecían candidatos prometedores a albergar vida, pero este era especial. Se hallaba en un cúmulo simbólico para la humanidad, pues allí se envió un mensaje a la espera de respuesta, y si este planeta estaba habitado, ya teníamos un destinatario para el mensaje de Arecibo. Más preguntas surgieron y el debate ocupó a la humanidad durante mucho tiempo. Se observó detenidamente el planeta, y se usó todo nuestro potencial tecnológico para estudiarlo. Finalmente se determinó que el planeta ya no era habitable, pues a pesar de que era un planeta rocoso, estaba en la ecoesfera de la estrella y poseía una atmósfera densa, ésta misma era demasiado densa y tóxica, con altas cantidades de dioxido de carbono y monoxido de azufre, haciendolo venenoso para la vida terrestre. Más que un gemelo de la Tierra, lo era de Venus.

Sin embargo, algo mucho más profundo subyacía en este planeta. Las observaciones determinaron que aunque la atmósfera era demasiado tóxica, en el pasado fue más benigna y menos densa. Hacía unos 4 millones y medio de años atrás había sido muy parecida a la de la tierra. Pero que, por motivos desconocidos, había comenzado a envenenarse muy rápidamente, y que si había habido vida, la había extinguido.
Pero el planeta era perfecto para haber desarrollado vida, pues no sólo tenía el tamaño, la composición, la atmósfera y la situación, si no que además era lo suficientemente longevo.
Yo tenía la corazonada, aquel planeta había albergado vida en algún momento. ¿Pero por qué ese cambio tan drástico en la composición de su atmósfera?
Ese planeta me cautivó y me obsesioné con su pasado.

No podía comprender por qué su atmósfera se había vuelto de repente tan tóxica sin motivo aparente, me recordaba a los numerosos cambios climáticos de la tierra, a las glaciaciones, a la tierra-bola de nieve, y cómo no, a la repentina sequía y desertificación del norte de África. Entonces, de alguna manera lo vi.

Hacía poco me había obsesionado también con aquel meteorito de Sudamérica y con el tema del cambio climático en África, y la forma en la que todo encajaba me ponía los pelos de punta.

La vida en aquel planeta se había extinguido hacia aproximadamente 4.500.000 años, y el meteorito de Sudamérica impactó hace 4.000.000 de años. Y solo un objeto era capaz de realizar un ingreso exitoso, un objeto artificial, creado por vida inteligente para tal propósito. ¿Era acaso posible, que una forma inteligente de vida hubiera enviado aquí una sonda antes de ahogarse en su propia atmósfera?

No sé si han oído hablar de las naves sembradoras alguna vez, pero es una idea interesante, surgida como solución para preservar la raza humana en caso de que nos enfrentemos a una inevitable extinción terrestre. En tal caso, la información genética del ser humano se preservaría en una sonda equipada, y ésta se enviaría al espacio, con el objetivo de buscar un planeta habitable y, ya en él, “engendrar” humanos que perpetúen la especie.
Si nosotros nos lo hemos planteado, ¿por qué no iba a haberlo hecho ya una raza en otro lugar del universo?

Su planeta se muere y su atmósfera se intoxica rápidamente, buscan una alternativa y encuentra un planeta joven y altamente habitable, con muchos años de vida por delante. Preparan una nave sembradora con su material genético y la envían a La Tierra.
Viajando a 15000 kilómetros por segundo, una velocidad de escándalo para nosotros pero ningún problema para una civilización más antigua y avanzada, la sonda alcanzó nuestro planeta en medio millón de años, probablemente hubiera sido programada para frenar gradualmente usando la gravedad solar, para luego ingresar en la atmósfera e impactar en nuestro planeta, trayendo consigo la vida de su planeta original.
Seguramente estuviera fabricada de una aleación desconocida, que pronto terminó de degradarse entre la flora de la selva amazónica, dejando solamente la huella de su impacto.

En Sudamérica esta forma de vida se extinguió pronto, pues no fue capaz de adaptarse ni de competir contra los depredadores autóctonos. Sin embargo, la civilización que la envío era precavida, y se encargó de que su sonda esparciera a su prole por todo el planeta, para así darle mayores oportunidades de supervivencia. La naturaleza terrestre venció en todos los casos a la vida alienígena, excepto en uno: en el centro de África este organismo invasor se vió favorecido por la nueva situación climática, casi todas las amenazas se habían extinguido y el clima podía ser más familiar. Sin embargo aún no era lo suficientemente fuerte. Esto propició una situación de simbiosis entre el organismo alienígena y el australopithecus.
El organismo le proporcionaría al australopithecus energía para poder mantener la postura más favorable en la sabana, y otras facultades que desconocemos, y el australopithecus supondría un refugio más o menos seguro para el alienigena, incapaz de sobrevivir por si mismo, el organismo terminó por extinguirse del todo, pero no sin haber intercambiado ya su gen con el del primate, el cual, a partir de entonces comenzó a distanciarse cada vez más de la fauna de su planeta, dando lugar a un ser alienado de origen terrestre.

Así nació una especie con la mentalidad tan sencilla, egoísta, básica y primitiva de un sencillo hominido, pero con las capacidades de una civilización mucho más avanzada y con carácter parasitario, la cual no pertenece a su mismo medio y provoca desequilibrios en el complejo entramado de la vida en la tierra. Dando lugar a una especie sin lugar en su propio mundo, que es inútil para su medio, pero que se resiste a morir, una especie egoísta incapaz de ver el daño que genera e incapaz de aprovechar su doble naturaleza. Una especie capaz de destruirse a si misma, la humanidad.

 

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